La vivienda se implanta con una forma en L que, más allá de una solución formal, responde a una estrategia clara: proteger la intimidad frente a las parcelas colindantes y abrirse plenamente a la zona verde. Así, la arquitectura no solo se adapta al terreno, sino que lo amplía visualmente, integrando la naturaleza como parte activa del espacio habitable.
La planta baja se concibe como un plano permeable, capaz de disolver los límites entre interior y exterior. Grandes aperturas y recorridos fluidos permiten que la vida cotidiana se extienda hacia el jardín sin transiciones forzadas, haciendo que el clima y la luz participen en la experiencia doméstica. La planta primera, en contraste, se erige como un mirador suspendido sobre el paisaje, ofreciendo una visión ininterrumpida del campo de golf. Es en esta cota donde los espacios de descanso se vinculan directamente con el horizonte, convirtiendo la contemplación en parte esencial de la vivienda.
El tratamiento del terreno respeta sus características originales, potenciando las visuales y aprovechando la orientación para lograr una conexión directa con el entorno. No se trata de imponer límites, sino de permitir que la arquitectura respire y dialogue con el paisaje, diluyendo la frontera entre lo construido y lo natural.
De este modo, la vivienda no se concibe como un objeto aislado, sino como un organismo que se enraíza en su parcela, capaz de ofrecer privacidad y, al mismo tiempo, abrirse generosamente a la amplitud y serenidad que solo el campo de golf puede brindar.
2023
Playa de san Juan, Alicante
Daniel Solbes, José Luis Durán
500 m²